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Codigos Morales



* CODIGOS MORALES *

"La moralidad es un código de valores para guiar las elecciones de la persona humana. Cuando se levanta o se establece para oponerse a su propia vida y a su propia mente, hace que se torne en contra de éstos y actúa ciegamente como el instrumento de su destrucción".- Solimán

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Cuando hablamos de moralidad y de ética estamos hablando de las reglas que las personas esperan obedecer en sus acciones futuras. Decimos que las personas "deben hacer esto" o "no deben hacer aquello". Deben y no deben se refieren siempre a acciones futuras. La moralidad en la forma de debes y no debes es la manera como la comunidad ata a sus individuos a patrones de conducta prescritos. Moralidad es cómo los seres humanos ordenan su propia conducta en el futuro

Para estar seguros de que todos están dispuestos a aceptar el mismo código moral, es necesario demandar que su origen estée más allá del debate humano y refleje algunas de las últimas verdades que gobiernan la naturaleza. En todas las sociedades, entonces, ser bueno significa adherirse al orden natural de las cosas, mientras que ser malo se asocia con retar o resistir ese orden. Esto hace que surjan algunas preguntas que justamente perturban acerca del papel de la moralidad y de la ética y de los fines para los cuales se colocan. Porque si hacerlo bien significa adherirse al orden natural de las cosas y ese orden, a su vez, es solamente una representación simbólica de las actividades de la cultura día tras día, entonces, "hacerlo bien" importa un poco más que comportarse en una manera que es compatible con la forma como la sociedad esta diseñada. Así que para todo el alcance de la conducta que es parte de la rutina ortodoxa de la cultura, nunca hay necesidad alguna para preguntar las acciones de uno, puesto que las normas culturales han sido santificadas al haberse encontrado que están de acuerdo con el orden natural de las cosas. Las preguntas vienen a aparecer sólo cuando la conducta del individuo se desvía de alguna manera fundamental de la conducta aceptada por la sociedad.

No hay manera de convertir la moralidad en un arma de esclavitud excepto cuando se divorcia de la razón de la persona humana y de las metas de su propia existencia. No hay forma de degradar la vida del ser humano en la tierra excepto por la oposición letal de lo moral y de lo práctico.. La moralidad es un código de valores para guiar las elecciones de la persona humana. Cuando se levanta o se establece para oponerse a su propia vida y a su propia mente, hace que se torne en contra de éstos y actúa ciegamente como el instrumento de su destrucción. No hay manera de hacer que un ser humano acepte el papel de un animal que debe sacrificarse excepto por la destrucción de su amor propio. La única manera de destruir su amor propio es haciéndole rechazar su propia conciencia. El nico modo de hacerle rechazar su propia conciencia es convenciéndole de su impotencia.

La condenación de esta tierra como un reino donde nada es posible a la persona humana fuera del dolor, el sufrimiento, el desastre y el fracaso, un reino inferior a otra realidad "más alta"; la condenacion de todos los valores, del gozo, del logro y del éxito en la tierra como una prueba de depravación; la condenación de la mente del hombre como una fuente de orgullo y la condenación de la razon como una facultad "limitada", deceptiva, fuera de la realidad e impotente, incapaz de percibir la realidad "real" y la "verdadera" verdad; la división o partición de la persona en dos, colocando su alma en contra de su cuerpo y sus valores morales en contra de sus propios intereses; la condenación de la naturaleza humana, del cuerpo y el "Ego" como algo malo; el mandamiento del sacrificio propio, del renunciamiento, del sufrimiento, de la obediencia, de la humildad y de la fe, con la promesa de los premios mas allá de la tumba, estos son los credos o principios promulgados en la visión de la existencia de los místicos, como lo han sido en cada variante de la filosofía del shamanismo, y de la brujería a través del curso de la historia de la humanidad.

El secreto del poder de los místicos descansa en el hecho de que la persona humana necesita una visión integrada de la vida, una filosofía, ya sea que ella esté o no enterada de su necesidad y toda vez que, debido a la ignorancia, a la cobardía o a la abertura o ranura mental, los seres humanos escojan no estar enterados acerca de ella, su crónico sentido de culpa, inseguridad y terror les haga sentir que la filosofía de los místicos es la verdadera.

El primero en sentirla es Atila. El hombre que vive por la fuerza bruta al capricho y merced del momento, que vive en una isla estrecha, suspendida en una neblina de lo desconocido, donde amenazas desconocidas y desastres impredecibles pueden descender sobre él una mañana cualquiera . Él está dispuesto a rendir su conciencia al hombre que le ofrezca protección contra esas preguntas intangibles, las mismas que prefiere ignorar y que no desea tomar en consideración.

El miedo de Atila de la realidad es tan grande como el miedo del chamán (brujo) o místico. Los dos mantienen su conciencia en un nivel por debajo de lo humano. Los dos últimamente son guiados y motivados, no por pensamientos, sino por sentimientos y caprichos. Los dos pegados a sus caprichos como su única certeza. Los dos se sienten secretamente inadecuados para la tarea de entenderse con la existencia.

Así que estos personajes vienen a necesitarse recíprocamente. Atila siente que el chamán o místico le pueden brindar aquello de lo cual él carece: una visión de largo alcance, un seguro contra la oscuridad desconocida del día siguiente o de la semana proxima, o del año que viene, un código de valores morales para sancionar sus acciones y desarmar a sus víctimas. El chamán o místico siente que Atila puede darle los medios materiales de supervivencia, le puede proteger de la realidad física, le puede permitir la necesidad de la acción práctica y puede reforzar sus místicos edictos en cualquier recalcitrante que pueda tomar como opción el reto de su autoridad. Todos ellos son partes incompletas del ser humano, que busca completarse en cada uno; el hombre de músculo y el hombre de sentimientos, buscando como existir fuera de la mente.

Puesto que ninguna persona humana puede escaparse por completo del nivel conceptual de la conciencia, no es el caso de que Atila, o el místico o shaman no puedan pensar. Ellos pueden y lo hacen; pero pensar para ellos no es un medio de percibir la realidad, es un medio de justificar su escape de la necesidad de la percepción racional. La razón para ellos es un medio de derrotar a sus víctimas, es como un sirviente cargado con la tarea de racionalizar la validez metafísica y el poder sus caprichos. Es como si el ladrón de bancos invirtiera años de planear ingenuidad y esfuerzo para probarse a sí mismo que él puede existir sin esfuerzo, asi que Atila y el shamán o místico recorrerán cualquier tramo de astucia o de ingenio, cálculo y pensamiento para demostrar la impotencia del pensamiento y preservar la imagen de un universo flexible donde son posibles los milagros y eficaces los caprichos. El poder de las "ideas" no tiene realidad para ninguno de ellos y a ninguno de ellos le importa enterarse de que la prueba de ese poder descansa en su propio sentido crónico de culpa y de terror.

Así que Atila y el shamán o místico forman una alianza y dividen sus respectivos dominios: Atila gobierna el reino de la existencia física de los humanos; el shamán o místico regula el reino de la conciencia de los humanos. Atila aglomera a los humanos en ejércitos; el shamán o místico establece las metas de esos ejércitos. Atila conquista imperios; el shamán o místico escribe sus leyes. Atila saquea y roba; el shamán o místico exhorta a las victimas a sobreponerse a su preocupación egoísta con la propiedad material. Atila masacra; el shamán o místico proclama a los sobrevivientes que sus calamidades son una retribución por sus pecados. Atila gobierna a través del miedo, manteniendo a sus súbditos bajo una amenaza constante, manteniéndolos convencidos de su depravación innata, de su impotencia y de su insignificancia. Atila convierte la vida de la persona humana en un verdadero infierno. El shamán o místico le dirá que no podría ser de otra manera.

Pero la alianza de estos especímenes es precaria, pues se basa en el miedo y en el desprecio recíprocos. Atila es un extrovertido resentido de todo lo que tenga que ver con la conciencia. El shamán o místico es un introvertido, resentido de cualquier cosa que tenga que ver con la existencia física. Atila profesa desprecio o desdén por los valores, por los ideales, por los principios, por las teorías, por las abstracciones; el shamán o místico profesa desdén por la propiedad material, por la riqueza, por el cuerpo del hombre o de la mujer, por esta tierra. Atila cree que el shamán o místico no es práctico; el chamán o místico considera que Atila es inmoral. Pero, secretamente, cada uno de ellos cree que el otro posee una facultad misteriosa de la cual carece el primero; que el otro es el verdadero maestro de la realidad, el verdadero exponente del poder para entenderse con la existencia. Es el místico el que cree que la fuerza bruta gobierna el mundo y es Atila quien cree en lo sobrenatural; su nombre para ello es "destino" o "suerte".

"Los bárbaros se civilizan , es verdad; pero a condición de barbarizar la civilización"

Paz y amor,

Solimán



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