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El Odio es Simple


* EL ODIO ES SIMPLE *


"En un mundo donde existe la muerte, no deberíamos tener tiempo para el odio" - Solimán

* * * *

Pensamos de nuestras emociones que ellas son positivas o negativas, el amor, de un lado, o el odio del otro. Pero hay otra manera importante en la cual se dividen nuestras emociones: Ellas son simples o complejas. Y esto es lo que crea muchos de los problemas en el mundo. El amor, por ejemplo, es difícil para sustentar no porque es una emoción positiva, sino porque es una emoción complicada. Esto es, el amor requiere la suma de otros elementos para poder desempeñar su propio papel; necesita comprensión, paciencia, tacto, la voluntad para ser lastimado o desilusionado de vez en cuando. El amor, sólo, en su simplicidad, no es suficiente para soportar el peso de la relación.

El odio es un asunto totalmente diferente; no es el opuesto del amor. Como lo señaló San Agustín hace mucho tiempo, "la indiferencia es lo opuesto del amor". El odio es una emoción supremamente simple que se hace enormemente atractiva a cierto tipo de mente y de personalidad. Lo primero, el odio no hace demanda en nuestro proceso mental y no nos visita para cambiar nuestras vidas. En realidad, tiende a remover la duda y nos da un sentido de decisión y un sentimiento de completo bienestar. No visita cualquiera de las otras emociones para apoyar; en realidad, las pone bastante fuera de lugar. Rechaza la comprensión, desprecia el tacto, condena la paciencia y no soportará alguna herida o desilusión sin pronta revancha. Además, siendo la más simple de las emociones, el odio también puede ser lo más completo para cierta clase de persona, porque le provee a él o a ella de un significado para la vida, algo a que oponerse o a que culpar, para aliviar el sentido de frustración o de fracaso. Más que todo, a causa de su simplicidad seductiva, el odio parece remover la necesidad para razonar, lo cual es una carga intolerable para mucha gente y para cualesquiera de sus esfuerzos auxiliares, tales como leer, analizar, estimar y juzgar. El odio sólo tiene una función y un sólo objetivo.

El amor se podría comparar a la construcción de un castillo de arena alto y elaborado, que toma muchas horas de esmerado esfuerzo, cooperación, balance y persistencia; y el odio se podría comparar a un pie que camina a lo largo y que con un vicioso o irreflexivo puntapié, en un instante destruye lo que se ha construido. Hay tan poco amor en el mundo comparado con la cantidad de odio, expresados y latentes ambos, no porque es más arduo para nosotros ser positivos que negativos, sino porque es más difícil combinar y coordinar una emoción compleja en un acto creativo, que vivir ciegamente culpando y atacando a algún "enemigo" por nuestro desagrado y por nuestras desilusiones. Le toma a un genio dedicado muchos años para construir una catedral grande; cualquier desesperado puede bombardearla hasta hacerla polvo en un segundo. ¿Por qué razón el odio, siendo mucho más fácil, no debiera ser mucho más popular?


"No importa que tan inútil sea un hombre, su amistad vale mucho más que su odio".


Es bastante mejor perdonar y olvidar que odiar y recordar.

Paz y amor,

Solimán



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