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Bancarrota Intelectual
![]() * BANCARROTA INTELECTUAL * "Una cultura no puede existir sin una corriente constante de ideas y las mentes alertas e independientes que las originan". - Solimán * * * * Cuando un hombre, una corporación de negocios o una sociedad entera se aproximan a la bancarrota, hay dos cursos que aquellos involucrados pueden seguir: Ellos pueden evadir la realidad de su situación y actuar en un frenético, ciego enfoque de comodidad del momento, sin atreverse a mirar hacia adelante, deseando que nadie vaya a mencionar la verdad, pero esperando que algo o alguien, de algún modo les salve de la bancarrota, o ellos pueden identificar la situación, revisar las premisas, descubrir los activos o ventajas escondidos y comenzar a reconstruir. En cualquier período de la historia, una cultura se juzga por su filosofía dominante, por la tendencia prevalente de su vida intelectual según se exprese en lo moral, en lo político, en lo económico, en el arte. Los intelectuales profesionales son la voz de una cultura y por lo tanto son sus líderes, sus integrantes y sus guardianes. El liderazgo intelectual del mundo se ha venido abajo. Sus virtudes, sus valores, su enorme poder se han desparramado en un subterráneo silencioso y permanecerá privado, subjetivo, históricamente impotente si se deja sin una expresión intelectual. La bancarrota se define como el estado de ser al final de los propios recursos. ¿Qué son los valores o recursos intelectuales que nos ofrecen los actuales guardianes de la cultura en el mundo actual? En filosofía se nos enseña que la mente del ser humano es impotente, que la realidad es inconocible, que el conocimiento es una ilusión y que la razón es una superstición. En psicología se nos dice que el hombre es un autómata desamparado, determinado por fuerzas que están más allá de su propio control, motivado por una depravación innata.. En literatura se nos muestra un alineamiento de asesinos, dipsomaníacos, drogadictos, neuróticos y psicóticos como representantes del alma humana y se nos invita a identificanos entre ellos, con la beligerante afirmación de que la vida es una cloaca, un hoyo o una carrera de ratas, con el lloriqueante mandato de que debemos amarlo todo, excepto la virtud, y perdonarlo todo, excepto la grandeza. Todos parecen estar de acuerdo con que la civilización está afrontando una crisis, pero a nadie le importa definir su naturaleza, descubrir su causa y asumir la responsabilidad de formular una solución. En los tiempos de peligro, una cultura moralmente sana repliega sus valores, su propia estimación y su espíritu de cruzada para luchar por sus ideales morales con una confianza recta. Pero esto no es lo que vemos en la actualidad. Si le preguntamos a nuestros líderes intelectuales cuáles son los ideales por los que debiéramos luchar, su respuesta es tal, que nos desconcierta. Uno de los trágicos errores del mundo de hoy es que demasiadas de sus mejores mentes creen, como lo hicieron en el pasado, que la solución es convertirse en anti-intelectuales y descansar en algún barril de galletas, como una suerte de sabiduría folclórica. Exactamente, Lo opuesto constituye la verdad. Lo que más necesita con urgencia la cultura mundial es reconocer el enorme poder y la importancia crucial de las profesiones intelectuales. Una cultura no puede existir sin una corriente constante de ideas y las mentes alertas e independientes que las originan; no puede existir sin una filosofía de la vida, sin aquellos que la formulan y la expresan. Y esa es precisamente la posición del mundo actual. El estado de desintegración cultural presente en el mundo no se mantiene y se prolonga por los intelectuales como tales, sino por el hecho de que en la actualidad, con muy raras excepciones, no existe ninguno. Después de muchas décadas de predicar que el sello distintivo de un intelectual consiste en proclamar la impotencia del intelecto, estos zombies modernos son dejados espantados antes del hecho de que ellos han alcanzado el éxito, de que son impotentes para encender los luces de la civilización, las cuales ellos mismos han extinguido, que son impotentes para detener el avance triunfante del bruto primordial que ellos mismos han liberado, que no tienen la respuesta para darle a aquellas voces de las Edades Oscuras que se relamen alborozados proclamando que la razón y la libertad tuvieron su oportunidad y fallaron, y que el futuro, como la larga noche del pasado, pertenece, una vez más a la fe y a la fuerza. Históricamente, el intellectual profesional es un fenómeno muy reciente, Éste apareció solamente con la revolución industrial. En las sociedades primitivas salvajes no hubo intelectuales profesionales. únicamente hubo hechiceros o chamanes. Tampoco hubo intelectuales profesionales durante la Edad Media, solamente hubo monjes en los monasterios. En los años posteriores al Renacimiento, los hombres intelectuales, los filósofos, los maestros, los escritores, los primeros científicos, fueron hombres sin una profesión, esto es, sin una posición reconocida socialmente, sin un mercado y sin medios para ganarse la vida. Los seguidores de la intelectualidad tenían que depender de algo accidental o de la riqueza heredada, o del favor y el apoyo financiero de algún protector rico. Y la riqueza tampoco se adquiría en un mercado abierto; la riqueza se adquiría por la conquista, por la fuerza, por el poder político o por el favor de quienes tenían el poder político. Los comerciantes eran más viulnerables y precariamente dependían más que los intelectuales del favor de los poderosos. Con muy raras y breves excepciones, las sociedades previas al capitalismo no tuvieron lugar para el poder creativo de la mente del hombre, ni para la creación de ideas, ni para la creación de riqueza. La razón y su expresión práctica, el mercado libre, fueron prohibidas como un pecado y como un crimen, o fueron toleradas, usualmente como actividades innobles, bajo el control de las autoridades, las que podían revocar la tolerancia a su capricho. Tales sociedades fueron reguladas por la fe y por su expresión práctica, como fue la fuerza. No hubo productores de conocimiento y tampoco productores de riqueza; hubo solamente hechiceros o chamanes y jefes de tribu. Estas dos figuras han dominado todo período anti-racional de la historia, así se les llame, jefe de tribu y hechicero, o monarca absoluto y líder religioso, o dictador y positivista lógico, o comandante en jefe. "La broma trágica de la historia" es que en cualesquiera de los altares que los hombres hemos erigido siempre, ha sido al hombre a quienes hemos inmolado y al animal a quien hemos venerado. Han sido siempre los atributos del animal y no los atributos del hombre los que hemos adorado. Los ídolos del instinto y de la fuerza, representandos en los místicos, en los reyes y en alguien con el pomposo título de comandante en jefe. Los místicos quienes se dejan guiar por una conciencia irresponsable y quienes rigen con la consigna de que sus oscuras emociones son superiores a la razón, que el conocimiento viene en pociones ciegas, sin causa, que se deben seguir ciegamente, sin someterlas a duda alguna; los reyes con poder absoluto, quienes en épocas pasadas rigieron por medio de garfios y de músculos con la conquista como su método y con el saqueo como su objetivo, con un garrote o con una pistola como única sanción de su poder. Algunos jefes de estado que en la actualidad invocan el nombre de Dios para lanzarse a la guerra, como si estuvieran gobernando durante la época de las Cruzadas. Los defensores del alma del hombre solo se preocupan por sus sentimientos y los defensores del cuerpo del hombre solo se preocupan por su estómago, pero lo dos siempre caminan unidos en contra de su mente. Estas dos figuras, el hombre de fe y el hombre de fuerza, son arquetipos filosóficos, símbolos psicológicos y realidad histórica. Como arquetipos filosóficos, ellos abarcarn dos variantes de una cierta visión del hombre y de la existencia. Como símbolos psicológicos, ellos representan la motivación básica de muchísimos hombres que existen en cualquier época, cultura, o sociedad. Como realidad histórica, ellos rigen actualmente a la mayoría de las sociedades humanas, que surgen hasta alcanzar el poder, siempre que los hombres abandonan la razón. Las características esenciales de estos dos siguen siendo las mismas en todas las edades: Atila, el hombre que gobierna por la fuerza bruta, actúa al alcance del momento, lo único que le importa es la realidad física que está inmediatamente frente a él, lo único que respeta es la fuerza bruta y considera un puño, un garrote, o una pistola como la única respuesta a cualquier problema. El chamán o hechicero, el hombre que teme a la realidad física, que le tiene miedo a la necesidad de la realidad práctica y escapa dentro de sus emociones, dentro de visiones de algún reino místico donde sus deseos disfrutan de un poder sobrenatural sin límites por lo absoluto de la naturaleza. "Un mundo sin intelectuales es como un cuerpo sin cabeza". Paz y amor, Solimán ![]()
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